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Fecha de recepción: 2 noviembre 2010
Fecha de aceptación: 4 enero 2011
Fecha de publicación: 15 marzo 2011
URL:http://oceanide.netne.net/articulos/art3-1.php
Oceánide número 3, ISSN 1989-6328



Web 2.0: Narrativas y espacios digitales. Inteligencia colectiva en blogs, wikis y plataformas desde un entorno culturalista.

Eduardo Barros Grela
(Universidade da Coruña)

RESUMEN:

Este artículo establece las pautas para analizar conceptualmente el desarrollo de la bidireccionalidad comunicativa que le es propia a lo que se ha dado a conocer como “Web 2.0”, e interpreta las relaciones que se establecen entre los usuarios de esta nueva plataforma como una proyección explícita de las teorías narrativas y discursivas propias de la posmodernidad, en las que se cuestiona la verticalidad de las relaciones entre los diferentes participantes en la comunicación. En contraste, se favorecen las epistemologías rizomáticas y la escisión identitaria como referente de relación entre productores y receptores de contenidos. Tal genealogía de estas recientes maquinarias comunicativas así como sus proyecciones narrativas digitales sirven en este ensayo para establecer vínculos entre la producción de significados propia de las bitácoras digitales y sus correspondencias en el ámbito de la narrativa.

Palabras clave: Narrativa digital, espacio, rizoma, Web 2.0, posmodernismo.


ABSTRACT:

This article provides guidelines for a conceptual analysis of the "Web 2.0" development, and studies the bidirectional communication pattern that is characteristic of it. Also, this study interprets the relationship established between users of this new platform as an explicit projection of the discursive theories of Postmodernism, which questions the hierarchical relationships between the various participants in the communication process. In contrast, these digital relations favor rhizomatic epistemologies and the fragmentation of identity as models of the links between producers and receivers of content. The genealogy of these communicative machineries, as well as of their digital narrative projections, is presented in this paper to discuss the production of meaning both in weblogs and in the different fields of narrative production.

Keywords: Digital narrative, space, rhizome, Web 2.0, Postmodernism.


Una definición inicial de “blog” (abreviatura de “web log” en inglés) es la que lo define como una página web en la que un autor o autores proponen un tema de discusión para que sea comentado por entradas de usuarios organizadas en un orden cronológico invertido. En esa línea, el concepto de “blog” en su significado original también hace referencia a la actividad de publicar y mantener tales páginas, o incluso a la actividad de participar con comentarios en varios de estos “fanzines de la globalización”1.

Derivados de los diarios digitales, los blogs suponen una participación conjunta en la creación informativa y comunicativa generada por las nuevas aplicaciones resultantes de la burbuja web, y manifiestan una diáfana estética discursiva que encaja oblicuamente con los preceptos de diversificación propios de la mundialización informativa.

La práctica totalidad de estas bitácoras (que es el sustantivo castellano con el que nos referimos a estos blogs en oposición al anglicismo dominante) tiene un componente temático, y proporciona periódicamente puntos de apoyo para la consecuente discusión sobre el tema que ha sido seleccionado por los autores de tales bitácoras para dar cohesión a su contribución: cine, música, literatura, política, filosofía, y un largo etc. Otras son diarios personales que pierden sus tradicionales cerrojos y se abren para ser comentados por cualquier usuario de Internet que halle interés en ellos, o tal vez sólo por aquellos que el autor decida que puedan tener acceso mediante un sistema de contraseñas. En cualquier caso, todos ellos introducen el discurso dialogante como forma idónea de comunicación, y cuestionan la validez –o al menos la idoneidad– del esquema comunicativo tradicional de Internet, fundamentado en una estructura unidireccional e informativa. Es lo que se ha dado a conocer como “Web 2.0”, una horizontalización del contenido informativo que desmonta explícitamente las jerarquías tradicionales del sistema comunicativo en detrimento de la hegemonía autorial tradicional, y a favor de la democratización barthesiana de los modelos comunicativos2. A esta proyección estética y narrativa se adhiere otra de carácter político –e ideológico– que se observa explícitamente en las recientes “revoluciones pacíficas” del norte de África (Túnez, Egipto, etc), cuya gestación se produce a partir de la comunicación ciudadana en blogs y webs colaborativas y acaba teniendo una repercusión tangible en el devenir sociopolítico del estado afectado. Tal y como lo explica Slavoj Žižek3,

The uprising was universal: it was immediately possible for all of us around the world to identify with it, to recognise what it was about, without any need for cultural analysis of the features of Egyptian society. In contrast to Iran's Khomeini revolution (where leftists had to smuggle their message into the predominantly Islamist frame), here the frame is clearly that of a universal secular call for freedom and justice, so that the Muslim Brotherhood had to adopt the language of secular demands.

Estas acciones digitales de llamamiento político global a través de Internet y con repercusiones factuales en el panorama político y social representan la plasmación incontestable del funcionamiento de la “Web Squared”, un concepto acuñado por Tim O’Reilly y John Battelle 4 que hace referencia al paso siguiente tras la Web 2.0, una evolución de ésta en la que el “autor” de los blogs o páginas de red social se diluye para ceder el protagonismo a los propios usuarios. Esta hiperdemocratización de la red, sustentada por la autogestión y la horizontalidad, se convierte en un anclaje rizomático de la multiplicidad identitaria, cuya “inercia actancial” repercute directamente en el episteme virtual de la digitalización ontológica actualmente en construcción.

No es, sin embargo, objetivo de este artículo discutir el componente político y subversivo de las formas más recientes del desarrollo web (Web Squared y redes sociales), sino adentrarse en el componente discursivo que da pie a estas proyecciones epistemológicas a través del blog como forma narrativa.

Este estudio pretende hacer un recorrido informativo a lo largo de la difícil definición del concepto “blog” por un lado y, por el otro, propone una breve reflexión teórica sobre la genealogía de estas recientes maquinarias comunicativas y sus proyecciones narrativas digitales. Se intenta asimismo establecer conexiones entre la producción bidireccional de significados propia del blog y sus correspondencias en el mundo literario.

Por norma general, un blog combinará texto, imágenes y, sobre todo, enlaces a otros blogs, a páginas web y a otro tipo de medios relacionados con su tópico. Esta última propiedad de los blogs es particularmente interesante como herramienta de difusión temática y como mecanismo de producción interactiva y comunitaria. En el rango tipológico de los blogs, la gran mayoría son de tipo textual, pero también encontramos formas más visuales de bitácoras, tales como las que se enfocan en arte (artlogs), las que tienen como dirección referencial la fotografía (photoblogs), el vídeo (vlogs), la música (MP3 blogs) o el audio (podcasting). Su proliferación ha llegado incluso a resemantizar términos como “blook”, el cual hace referencia en la actualidad a libros de construcción digital (López García, 65).

Todos estos elementos son parte de una red (network) de comunicación social cuya base se halla en el concepto de la “sabiduría de las masas”, o en esa “inteligencia colectiva” que ha servido como parte del título de este artículo. Recientemente se está prodigando otro tipo de blogs, conocido como “microblogs”, en los que los autores publican entradas de tamaño ínfimo que reciben comentarios de idénticas características; uno de los más famosos sería el conocido Twitter o cualquiera de las comunidades virtuales como Myspace o, de forma más extendida en el ámbito español, Facebook. La generación de blogs y aplicaciones aledañas crece ilimitadamente y a una velocidad asombrosa. Un dato significativo: en 1999 había cerca de una treintena de weblogs en la red. A principios de 2008, el número aproximado de blogs que se han computado en el mundo es de más de 112 millones5.

La historia reciente de las bitácoras muestra que aun cuando la tecnología todavía no se encontraba en un estadio lo suficientemente desarrollado, la idea de las comunidades virtuales ya había tenido una presencia significativa en la planificación de la ingeniería informática desde hacía mucho tiempo: el software de foros en Internet, los servicios comerciales online o los listados de distribución fueron los primeros pasos que llevarían a la configuración moderna de ese rizoma conocido como Internet activo. El blog moderno se desarrolló a partir de los “diarios online”, en los que los autores mantenían una narrativa autobiográfica y reflexiva, y sin ambiciones explícitas de esteticismo literario, recibiendo el nombre de “diarists” o “journalers6.

La siguiente fase la conformaron los grupos de webs reunidos alrededor de temáticas comunes que se dieron a conocer como “webrings” (“círculos web”) y que fueron el paso previo inmediato a la conceptualización del blog tal y como lo entendemos hoy. Estos “web rings” consisten en publicaciones de cualquier ámbito (incluyendo el de las humanidades) cuyas páginas web se enlazaban mutuamente, configurando así líneas temáticas específicas que creaban por inercia subgrupos de materias comunes que favorecen significativamente la colaboración crítica. Este sistema dotaba al usuario de un margen mucho más específico para favorecer su investigación dentro del laberinto temático que suponía Internet en aquel entonces (2000-2002). Las ventajas de este sistema comunicativo muy pronto se hicieron evidentes, ya que diversas publicaciones digitales del ámbito literarioaumentaron su recepción de manuscritos originales en un porcentaje que osciló entre el 150% al 400% para cada número7.

Aunque estas comunidades temáticas on-line empezaban a germinar en ese momento, lo que más se prodigaba era la publicación de páginas web personales o corporativas. La forma de entender Internet que proporcionaba la página web tradicional producía información de forma unidireccional, en lo que se entendía simplemente como un cambio de formato en la comunicación desde el papel en su sentido más tradicional (previo a las consideraciones teóricas de Roland Barthes) al entorno electrónico, pero que no conllevaba un cambio paradigmático en la forma de comprender la comunicación. Por otro lado, el asentamiento teórico deslizante propio de la posmodernidad finisecular favoreció la conceptualización de un sistema inacabado de intercomunicación en el que todo se mantiene en perpetua construcción y deconstrucción, devolviéndole protagonismo al receptor en el acto de producción comunicativa, y si no aplicando una muerte literal del autor, sí al menos un renacimiento cognitivo del oyente como hablante. Esa inicial popularización del entorno de red emulaba casi por inercia la pasividad arquetípica del espectador televisivo, y se situaba lejos de la posterior recuperación de la actancialidad (agency) del usuario 2.0. Por otro lado, esas páginas web primitivas, de las que todavía quedan vestigios, empezaron a introducir secciones de noticias, enlaces de intención intercomunicativa y solicitudes de retroalimentación crítica. Es decir, empezaron ya a requerir una cierta participación por parte del navegador visitante, quien aún sin acceso a la manipulación del contenido publicado, ya podía sentirse partícipe en el acto informativo del contenido web.

A partir del año 2001 se produjo un salto cualitativo en el estudio del fenómeno blog, ya que se empezó a debatir su naturaleza dentro del ámbito del periodismo 8. Esta disciplina entreveía lacontingenciade una herramienta lo suficientemente poderosa como para obligarle a replantear su propia identidad y, aunque no tiene cabida en esteartículo el fenómeno del periodismo 2.0 que se derivó de esa primera inquietud, es importante observar la importancia de esta mutación. A través de la evaluación de las transformaciones a las que se han visto sometidos los principales diarios en el ámbito nacional e internacional, que permiten a los lectores una posición privilegiada al tener la posibilidad de adentrarse en el cuerpo de la noticia como comentaristas de ésta, se puedeadvertir cómo el impulso periodístico sirvió para oficializar el nuevo paradigma comunicativo de naturaleza bidireccional que se postula como referente para marcar las tendencias estéticas de los años por venir.

El éxito de la idea 2.0 radicó en conceptualizar un espacio en el que se conjugase la página web informativa con la consecución de un sistema de enlaces mucho más fiable e interactivo, además de inclusivo. Fue así como se inició la utilización temática de la red a través de hilos (threads) que daría lugar a la eclosión definitiva de un medio ya asentado en la sociedad con el prestigio suficiente como para multiplicar su presencia ad infinitum. Sería a partir de 2004 cuando la calidad del contenido de estos blogs dejaría de ser prioritaria y quedaría supeditada a la tiranía de lo efímero de la búsqueda de nuevas formas representacionales, con lo que se diversificaría su calidad y su cualidad, elemento clave para un desarrollo natural. Es entonces cuando aparecen esas otras formas que comentaba con anterioridad, tales como los vlogs, de vídeo, los photoblogs, de fotografía, y otras formas similares que tenderían a derivar en una cosificación informativa caracterizada por la inasibilidad. Esa misma necesidad de innovación, sin embargo, dio pie a nuevas formas comunicativas, entre las que se encuentra, de forma ya sistemática, la de la narrativa.

El impactante efecto de los blogs sobre una disciplina tan arraigada como el periodismo les confirió credibilidad, como se mencionó con anterioridad. Esta nueva forma de escribir, que trascendía el simple cambio de formato, adquirió una connotación de notabilidad y de respetabilidad que hasta entonces había estado restringida para el entorno web. La credibilidad que obtuvieron los blogs como medio de diseminación informativa influyó cualitativamente en la transformación paradigmática de este tipo de narrativa colectiva, aunque la reacción de los autores de blogs ante esta aceptación no fue siempre en aras de una asimilación con el formato hegemónico, sino que en muchos casos se produjo una construcción de una “conciencia de clase digital” que determinaría la identidad de estos blogs como propia y terminal, y no necesariamente como vehicular hacia otras formas de comunicación ya establecidas.

Esta lucha de poderes desembocó en la consolidación de una “tierra de nadie” a efectos legales que entrañaba inherentemente numerosos problemas de tipo ético. Desde un punto de vista tradicionalista, lo que habría que recriminar a las voces que se propagan a través de estos blogs sería que éstasestarían pecando de un intrusismo de hegemonización en todas las ramas del conocimientoque abarcasen, incluyendo la del periodismo. Esta actitud a la defensiva por parte de las argumentaciones contrarias al 2.0 se debió a que, a diferencia de lo que había sido aceptado hasta muy recientemente, es decir, quelas competencias narrativas pertenecían a losreconocidos especialistasde una disciplina determinada, la proliferación de los blogs permitió la “apropiación” de esa especialización por parte de cualquier usuario registrado que estuviese interesado en exponer sus opiniones, aun sin la necesidad de poseer una formación específica al respecto. La respuesta generada por parte de los “teoricistas” del Web 2.0 se centra en que ese temor a la “desinformación” de los lectores está causado por la asunción de pasividad que se les otorga a éstos, y minimiza, así, su capacidad crítica. Autores y usuarios de blogs y wikis (si es pertinente una diferenciación entre ellos dentro de este contexto) recurren a la idea de la “inteligencia colectiva” o del “conocimiento en sinergia” para afirmar que la elaboración conjunta de un pensamiento o idea alberga mayor credibilidad que una postura única, universal y homogénea.

La repercusión de este posicionamiento ideológico en esa “tierra de nadie” mencionada con anterioridad parece tener cada vez mayor aceptación, tal y como se refleja en las numerosas transformaciones que los diarios periodísticos digitales están llevando a cabo hacia un formato en el que el protagonismo recaiga sobre la interacción entre escritores y lectores más que en la relación paralizante de una recepción pasiva por parte de los lectores de datos originados de forma individual.

Para ilustrar la creciente asimilación del modelo participativo en la cultura del cambio de milenio, cabe recordar el influyente apoyo de la acreditada revista estadounidense Time9 a esta forma de comunicación digital, que en su nombramiento anual de “persona del año” en 2006, y tras proponer en 2001 a Rudolph Giuliani, entonces alcalde de Nueva York, o en 2004 a George W. Bush, presidente de la nación, escogió para el año 2006 a “you” (“tú”). La portada elegidapara este número (que es considerado el más importante del año) fue una pantalla de ordenador en blanco en la que se leía en el centro la palabra “you”, y como subtítulo: “Yes, you. You control the Information Age. Welcome to your world” (“Sí, tú. Tú controlas la Era de la Información. Bienvenido a tu mundo”).Con esa portada, Time acepta el papel participativo –si no ejecutivo– del lector en la “Era de la Información”, y celebra la nueva posición de éste haciéndolo copropietario del mundo en el que se desarrolla, algo que ratifica en sus páginas interiores:

La herramienta que hace que todo esto sea posible es la World Wide Web. No la Red que Tim Berners-Lee organizó hace 15 años, según Wikipedia, como forma de compartir datos entre científicos. Tampoco la cacareada Red Puntocom de los años 90. La nueva Red es algo muy diferente. Es una herramienta para reunir las pequeñas contribuciones de millones de personas y conseguir que tengan importancia. Los técnicos de Silicon Valley la llaman Web 2.0, como si fuera una nueva versión de algún software anticuado. Pero, en realidad, se trata de una revolución.10(Times, 13/12/2006)

Resulta evidente que el paso de la web original a la web 2.0 conlleva un cambio epistemológico ineludible. Quienes pudieron observar de primera mano el desarrollo de las diferentes formas de conceptualizar la comunicación electrónica comprenden las diferencias de conocimiento que implica el paso de una red de Internet pasiva a una red de Internet activa. Así, entendemos que lo que se conoce ahora como Web 1.0 no era más que un mecanismo moderno al que habría que adscribirse más por vanidad que por utilitarismo o pragmatismo. Se trataba de un espejo abierto al público lector en el que se reflejaban las impresiones directas o indirectas de sus autores, y al que no era necesario prestarle más que la atención necesaria durante el tiempo libre que cada usuario (incluyendo al autor) considerase oportuno. No sucede lo mismo con la reciente pero ya asentada Web 2.0. En este sistema de comunicación la dedicación por parte de sus autores ha de ser -a efectos prácticos- a tiempo completo, implicando una reformulación del estilo de vida de los propios usuarios, y haciendo que Internet deje de ser un pasatiempo accesorio para convertirse en una figuración exhaustiva del sujeto ante el medio. Siguiendo los parámetros sociológicos de Baudrillard en 1995, la Web 2.0 representaría el epítome de una simulación llevada a su máximo extremo, en la que confluirían imaginarios reales con espacialidades virtuales.

En esta línea de pensamiento se podría trazar un recorrido escalonado por la teoría cultural del fin de milenio que nos llevaría a entender el fenómeno de la Web 2.0 como paradigma del nuevo episteme. Conceptos como “frontera”, “posthumanismo”, “ciber-democracia” o “globalización” conforman el entramado teórico al que se expone el usuario al internarse en el mundo 2.0, y partiendo de la concepción de frontera propuesta por Gloria Anzaldúa en 1987, entendemos que esas líneas de división epistemológica entendidas como naturales hasta el advenimiento de la posmodernidad se diluyen, y con ellas van desapareciendo los muros de identidad favorecidos por esa forma de conocimiento fundamentada en una visión de binomios propia de la modernidad. De acuerdo con Donna Haraway en su estudio de 1991 sobre el feminismo posmoderno, un “cyborg” es un híbrido entre un organismo y una máquina, pero además es una criatura de ficción y de realidad social viva. Esta idea del cyborg se plantea como herramienta de deconstrucción de los binarismos sociales: sujeto/objeto, hegemonía/resistencia, naturaleza/cultura, etc, y propone un detenimiento estético en las identidades resultantes de esa hibridez. Es decir, la cultura de fronteras propuesta por Anzaldúa se traslada al ámbito de lo (post)humano en un ejercicio de reconfiguración ontológica que incluye a la máquina como parte integrante del sujeto y de su subjetividad.

Esta propuesta teórica parece encajar en los nuevos modos de comunicación discursiva (y narrativa) que se generan a partir de la utilización masiva de la Web 2.0. En ella, se producen varios procedimientos característicos de la posmodernidad y, qué duda cabe, de la globalización. Por una parte, el entorno facilitado por esta forma de comunicación es perfecto para la dilución de las fronteras, como se acaba de mencionar: la facilidad con la que se crean personajes reales cuya identidad no responde a una representación, sino a una “performatividad”, provoca que raza, género o etnia relativicen sus políticas de identidad en la red, y que la concepción de la hibridez alcance nuevas significaciones frente a la obsoleta idea de la frontera epistemológica productora de binarismos. Además, a la ya tradicional conjunción de lo orgánico con lo mecánico (conjunción que representa la base de gran parte de la ciencia-ficción generada en el universo cyberpunk), se le añade la reconfiguración de lo humano a través del software. Es decir, en el proceso de producción de personajes web (o ciberidentidades), una parte importante de ese diseño corresponde al propio sistema operativo de aplicaciones, que interpreta y regenera las propuestas realizadas por los usuarios, dando como resultado una identidad compartida entre humano y máquina, binomio que deja, consecuente y aporéticamente, de existir. Tal y como lo planteó el propio Berners-Lee en una aproximación embrionaria, este espacio en continua fluctuación e inestabilidad requiere que el mismo programa deba permitir tanto la publicación como la recesión de documentos electrónicos (Borrás, 140).

Una última característica que conviene señalar con respecto a la relación del universo 2.0 con la teoría cultural del inicio del siglo XXI es la que afirma que esa descentralización comunicativa aplaude la irradiación de voces apagadas por el sistema hegemónico, y funciona para mitigar la afasia de lo subalterno. Para escapar de la hegemonía del poder cultural, los blogs, los wikis y el aparato web se han convertido en una herramienta de los discursos silenciados. Así, la proliferación de blogs conlleva una ineludible multiplicidad de voces que adquieren autoridad al penetrar en el espacio con código de fuente abierto de Internet, un espacio no regido por las convenciones habituales del espectro político de la izquierda y la derecha, sino susceptible de permanecer sometido a una continua deconstrucción. El proyecto enciclopédico de la modernidad se ve dinamitado por una política de andamiaje, con la que se apuesta por un estado de conocimiento en continua construcción y reescritura, una suerte de fragmentación atómica de la universalidad discursiva. Esta capacidad de variar el discurso aparentemente hegemónico no es algo, sin embargo, original de Internet. Las manifestaciones son diversas, y basta con pensar en el arte mural californiano –otra forma de expresión subversiva y subalterna- para entender sus repercusiones. De similar manera a cómo los murales están expuestos a una continua reconstrucción por cualquier viandante, así funciona la propuesta de esta Web 2.0, con la que los usuarios adquieren status de autores permanentemente.

De este modo, todos aquellos discursos que habían sido tradicionalmente silenciados por una política de la normativa adquieren ahora capacidad de acción (agency) y compiten en igualdad de condiciones con las grandes corporaciones de la información. Un ejemplo de esta “desjerarquización” del sistema son los “warblogs” (blogs de guerra), en los que la información publicada por los autores desafía al control tradicional que ha vertido la prensa oficial desde la esfera política, tal y como sucedió durante las “guerras” más recientes o tras mediáticos desastres naturales. Tal y como argumenta Homi Bhabha, esos grupos subalternos poseen una subversiva capacidad de acción política que ha encontrado en estructuras rizómicas (tales como la Red) un perfecto vehículo para la acción.

Ahora bien, ¿cómo afecta esta disposición teórica a la naturaleza de la escritura? En el breve recorrido histórico que se plantea en torno a las arqueologías del blog y del wiki, no debe pasar desapercibida la relevancia del proceso de familiarización de la tecnología misma. La eclosión del segundo episteme cibernético fue facilitada por una transformación bicéfala: por un lado, la desaparición paulatina del catalizador que representaba la impermeabilidad del lenguaje informático de diseño web; y por otro lado, la amplia educación inconsciente de la población occidental de nueva generación en un entorno web. En el primero de los casos, la evolución de las herramientas para construir y mantener páginas web derivó en una simplificación del proceso, de forma que una mínima competencia en el uso de las herramientas informáticas capacitó lo suficientemente a los usuarios como para poder desarrollar una página web de calidad sin la necesidad de sumergirse en el inhóspito lenguaje informático. Este proceso de simplificación pronto se convirtió en un círculo vicioso en el que la gran masificación cibernética propiciada por la accesibilidad global se vio correspondida por la intensificación de un desarrollo de software que cubriese las necesidades de esa nueva población, mucho menos técnica, pero mucho más numerosa. Este factor fue determinante en la popularización del entorno web, que ya dejaría de pertenecer a los cánones del tecnicismo, para integrarse en la cultura popular del rizoma posmoderno y que alcanzaría su máximo apogeo con la proliferación incontrolada de cuadernos de bitácora virtuales. La inercia de este proceso de popularización se observa en la capacidad natural de las generaciones más jóvenes para internalizar con absoluta competencia la comprensión y el uso de las herramientas y del funcionamiento 2.0.

La rama de la literatura no se vio marginada en este nuevo árbol sin tronco de la comunicación. Primero fue la aparición de los “blooks”, una suerte de recopilación y selección de entradas pertenecientes a un blog, que es llevada a la publicación física con un atractivo título que resalte su pertenencia al ámbito web. Como decíamos anteriormente, esa pequeña traición que supone una jerarquización de los diferentes formatos de publicación, siempre en favor de los tradicionales, tuvo su respuesta punitiva por parte de los lectores, que no respondieron a las expectativas de ventas vaticinadas por las editoriales y provocaron que la falta de rendimiento económico fuese una losa demasiado pesada para este tipo de materiales. La alternativa, parecía estar asentada en la protección y en la territorialidad de la narrativa digital.

Esta otra forma de entender los “blooks” fue, por lo tanto, clave a la hora de crear textos colectivos sin abandonar el entorno electrónico. Una primera aproximación fue la que se propuso en la página ‹hackoff.com› en 2005, en la que un autor iba publicando su historia capítulo a capítulo a modo de entradas individuales de su blog personal y recibiendo a la vez comentarios críticos de lectores que participaban así en la composición de la obra. El escritor español Rafael Reig también llevó a cabo un experimento similar a través de las páginas (electrónicas) de un diario digital. Propuso que los lectores de los capítulos que él iba publicando fueran indicándole las líneas que debían seguir personajes y argumento a medida que éstos se iban desarrollando. De esta forma, la autoría del texto final no podría ser más que colectiva, lo que nos llevaría a entrar en la complicada esfera de los derechos de autor en Internet, empresa que, desde luego, escapa a los objetivos de este artículo. Esta producción conjunta se intensificó recientemente con propuestas narrativas en colaboración y con la eclosión de las bibliotecas digitales, pero todas ellas se encuentran todavía en período de gestación. Tal y como explica Castells en Galaxia Internet (213), la gran revolución de la literatura digital todavía no se ha producido más que de un modo silencioso.

Podremos concluir, por lo tanto, afirmando que en la actualidad se ha generado una “zona de contacto”discursiva en la que las formas narrativas digitales abarcan un amplio espectro de significación, y su naturaleza de diversidad y multiplicidad permite un rango de acción que pueda llevar a hablar de un nuevo cambio epistemológico en la concepción narrativa con un principal nexo de carácter colectivo. Dicho llanamente, la propuesta de Julio Cortázar en Rayuela, con la que el lector era partícipe de la construcción narrativa en un entramado lúdico, se lleva ahora y gracias a la tecnología a su máxima expresión, haciendo que lector y autor se amalgamen en una figura híbrida, posthumana y plenamente –aunque probablemente inconsciente- integrada en el ámbito de la teoría cultural y literaria más avanzada.

Cuál es el futuro de la narrativa digital, cuál es el futuro de la literatura como forma comunicativa en la era de la globalización, o si desaparecerá ésta con la progresiva implantación de la publicación digital son preguntas que surgen a partir de la problemática aquí presentada. Este estudio no alberga visiones apocalípticas que afirmen un cambio paradigmático que suponga el fin de modelos –y soportes- establecidos, aunque sí reflexiona abiertamente sobre la influencia de un desarrollo tamizado del entramado narrativo digital en la concepción evolutiva del proceso comunicativo de la literatura. Ya formas específicas de la estructuración web buscan sintetizar la problemática relación de la comunicación digital con la conceptualización del propio sujeto en su entorno discursivo, en lo que se ha venido a conocer como “webs semántica” o “Internet 3.0”. Tal vez estas nuevas vueltas de tuerca –y todas las venideras– ayudarán a configurar las evoluciones de una cultura libro-céntrica (Borrás, 28) como la nuestra, que parecen destinadas a adoptar políticas de integración y coexistencia en lugar de políticas sustitutivas.



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NOTAS AL PIE

1“A survey of new media. It’s the links, stupid”. The Economist, 2006-4-20. Web. Acceso el 3 de diciembre de 2007 .
2Roland Barthes, Image-Music-Text. New York: Hill and Wang, 1978.
3Slavoj Žižek, “For Egypt, this is the miracle of Tahrir Square”, The Guardian Thursday 10 February 2011, Acceso el 10 de febrero de 2011.
4Tim O’Reilly y John Battelle. “Web Squared: Web 2.0 Five Years On”. Web 2.0 Summit 25 junio 2009 Acceso el 23 de diciembre de 2010.
5Diez años de blogs, las bitácoras personales que inundan la red”. La Vanguardia.es, 7 de abril de 2007 . Acceso el 3de diciembre de2010.
6“Escribicionistas” en español.
7“TheHistory of Webrings”. World of Webrings, 8 de octubre de 2010, Acceso el 12 de noviembre de 2010.
8Flores, López García y Winograd.
9Time. 13/12/2006. Acceso el 23 de abril de 2009.
10The tool that makes this possible is the World Wide Web. Not the Web that Tim Berners-Lee hacked together (15 years ago, according to Wikipedia) as a way for scientists to share research. It's not even the overhyped dotcom Web of the late 1990s. The new Web is a very different thing. It's a tool for bringing together the small contributions of millions of people and making them matter. Silicon Valley consultants call it Web 2.0, as if it were a new version of some old software. But it's really a revolution. (Times, 13/12/2006).

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Title: Web 2.0: Narratives and digital spaces. Collective intelligence in blogs, wikis and platforms from a culturalist environment.

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